La tabla del tótem por Toni Pont

El hombre medicina de los blancos se acercaba, el temor se apoderó de mí; con su profunda voz me dijo:

  • Gran guerrero Águila Certera tendrá de nuevo ojos jóvenes.

 En sus manos llevaba un extraño objeto, con dos agujeros transparentes, que colocó sobre mi nariz. En ese momento comprobé lo poderosa que era su medicina; mis ojos, que solo con dificultades me permitían observar los objetos cercanos, se habían abierto y por un momento pensé que todo yo era otra vez el gran cazador. Pero no, bastó ponerse en pie para advertir que la magia solo afectaba a las partes que tocaba.

  • ¿Puede hombre medicina ayudarte? – preguntó Búfalo Veloz
  • Por su boca habla la verdad Búfalo Veloz. Ha limpiado la niebla de mis ojos.
  • Podremos llamarte Visión Lejana – dijo Hombre Memoria – igual que el apache legendario. ¿Conocéis su historia?
  • No – respondí a la vez que Búfalo Veloz.

Hombre Memoria es uno de los más ancianos de los apaches. Desde niño había sido elegido para mantener en su recuerdo los hechos importantes que le habían sucedido a nuestro pueblo y su caudal de conocimientos es inmenso, por ello todos le tenemos un gran respeto.

  • Es una larga historia que sucedió hace incontables lunas – prosiguió Hombre Memoria – y su protagonista es Visión Lejana.

Visión Lejana era un gran cazador y guerrero, pero lo más sorprendente de él eran sus ojos; veía castores cuando los demás apenas divisaban el río. Un día salió a cazar junto con otros dos guerreros cuando advirtieron una nube de polvo en la pradera.

  • ¿Son enemigos, Visión Lejana? – preguntó uno de sus hermanos.
  • Todavía no lo sé, pero es un solo hombre, con un caballo que tira de una tienda.

Extrañados y a la vez curiosos, decidieron esperar, pues no había mucho que temer de un solo hombre.

Largo tiempo aguardaron hasta que el hombre llegó hasta ellos. Visión Lejana había visto, mucho antes, que se trataba de un hombre de piel pálida, lo que le alegró mucho. Por aquellos tiempos los rostros pálidos todavía no nos habían robado nuestras tierras, ni habíamos luchado contra ellos. Los que habían llegado hasta nosotros eran menos que los dedos de una mano.

  • Te saludo, hombre pálido – dijo Visión Lejana en inglés.
  • Te saludo en paz – contestó el rostro pálido en un más que aceptable Kiowa, lo que demostraba que había estado en contacto con otros apaches.
  • Mi pueblo te ofrece hospitalidad por los días que quieras quedarte con nosotros.
  • Os lo agradezco y acepto encantado pasar esta noche con vosotros.

Una vez en el campamento, tras apagarse la excitación causada por la novedad del extranjero y tras saciar su hambre y su sed, salieron a pasear bajo las estrellas el rostro pálido y Visión Lejana.

  • Seguramente te preguntarás que hago aquí – comenzó a hablar el rostro pálido – He venido de muy lejos, de más allá del gran mar.
  • ¿Qué hay más allá del gran mar? – preguntó Visión Lejana
  • Más cosas de las que te pueda contar. En el campamento en que yo vivía, hay más gente de la que podrías reunir en siete lunas. Y muchas cosas más…
  • Eso no es posible, ¿qué río sería suficiente para dar de beber a toda esa gente y, a la vez, albergar tantas tiendas a su alrededor? Los caballos deberían reunirse en un lugar inmenso y tan lejano que sería inútil ir a buscarlos en caso de necesidad …
  • Te entiendo perfectamente, pero es así.

El viajero continuó relatando cosas de su mundo, hasta que vio la tabla del juego, que ahora va pasando de un Hombre Memoria al siguiente.

  • ¿De dónde ha salido esto? – pidió con gran nerviosismo el viajero.
  • Esta tabla está con nosotros desde hace quince veranos
  • ¿Quién la trajo, Visión Lejana?
  • Hace quince veranos nos visitó otro hombre pálido. Llegó solo, trajo esta tabla junto con una caja llena de figuras de madera talladas, estuvo seis veranos con nosotros y, al marchar, nos dejó sus maderas de regalo. El tiempo que estuvo entre nosotros me enseñó vuestra lengua y él aprendió la nuestra.

Cuando pudo entenderse con todos, se dedicó sin descanso a enseñar el juego a todo el que quisiera aprenderlo y encontró muchos dispuestos a escucharle. Al principio, el hombre pálido, al que llamamos Cara de Caballo por la única figura que reconocimos, vencía a todos, pero conforme pasaba el tiempo los apaches que más tenazmente se dedicaron a jugar el nuevo juego, comenzaron a vencerle. Cuando Cara de Caballo se marchó muchos le vencían y siempre he sospechado que esta fue la razón de su marcha

El viajero estaba asombrado por el relato de Visión Lejana, continuaba callado, pero sus ojos iban de Visión Lejana a la tabla, para volver de nuevo.

  • Seguramente nadie recordará como se juega – dijo.
  • Si, los que lo aprendieron no quieren olvidarlo y no hacen más que pensar en él. Manitu habló en una visión a uno de los nuestros y prohibió que nadie más lo aprendiera, aunque permitió a los que lo conocían continuar jugando.
  • ¿Quién es el mejor de todos?
  • Sin duda Conejo Sentado, no es un gran cazador, pero vence a todos los que conocen el juego.
  • Yo también conozco el juego, nunca he encontrado a nadie capaz de vencerme. ¿No deseará Conejo Sentado enfrentarse a mí?
  • El solo juega si existe alguna apuesta.
  • Bien, hablemos con él.

Con la traducción de Visión Lejana parlamentaron el viajero y Conejo Sentado. Ambos se mostraron de acuerdo en jugar, cuando surgió el motivo de la apuesta

  • Si yo venzo me darás tu sombrero – dijo el viajero – si tu ganas te daré mis botas.
  • Acepto darte mi sombrero, pero yo deseo tu caballo con su tienda – respondió Conejo Sentado –
  • No, eso no lo puedo aceptar – replicó el viajero –
  • Todos pueden ver – alzó la voz Conejo Sentado – que Hombre Pálido me teme.

Cuando el viajero escuchó esas palabras, no pudo refrenar su ira y su rostro tomó tal color que fácilmente podría ser confundido con uno de nuestros hermanos.

  • ¡Juguemos! Guardaré tu sombrero como muestra de tu arrogancia.

Hombres, mujeres y niños se reunieron para ver el enfrentamiento entre el extranjero y Conejo Sentado. Aunque no conocían el juego, estaban inquietos por la actitud de seriedad que mostraban los jugadores.

Se habían pactado dos juegos y una lucha más, en caso de vencer una vez cada jugador.

Conejo Sentado comenzó avanzando la figurita pequeña de mitad de la tabla y el extranjero también avanzó otra figurita pequeña, colocándola en el medio, enfrente de la blanca de Conejo Sentado. Este avanzó otra figurita pequeña y la puso junto a la jugada antes.

  • Es el ataque de Conejo – escuche murmurar a otro de los que solían jugar – ahora el extranjero se llevará la talla de Conejo Sentado, pero este atacará velozmente.

No se produjo lo dicho por este, el extranjero avanzó otra figurita, y las cuatro quedaron casi en el medio mismo de la tabla. Esto desconcertó momentáneamente al apache, que pensó durante un tiempo y acabó por retirar la última figurita negra colocada, poniendo la suya de en medio en su lugar. El viajero cogió una de sus figuras más grandes y la acercó a las de su adversario.

A medida que se sucedían los movimientos, se notaba en el ambiente que no todo iba como esperaba nuestro hermano. Conejo Sentado movió una figura con cara de caballo y pudieron observar el alivio reflejado en su cara,

  • Si lo deseas, no hay ganador – dijo
  • Prefiero continuar – fue la contestación.

Cuatro rápidos movimientos más tarde el extranjero había resultado vencedor.

  • Toma tus las tallas blancas – dijo herido en su orgullo Conejo Sentado – ahora no me vencerás.

Los que solían jugar contra Conejo Sentado mostraban su alegría de que este probara su propia medicina, lo cual le enfurecía más.

En la siguiente partida, el extranjero continuó colocando figuritas pequeñas en el medio mientras Conejo Sentado sacaba una de sus tallas alta y delgada, por un lado, en un agujero hecho entre sus figuritas. Cuando avanzó una de sus figuritas hacia la mitad, esta fue retirada por el viajero.

  • Ha caído en una trampa – susurró el mismo que había hablado antes, que esta costumbre de murmurar parece propia de los que se preocupan por este juego – ahora perderá su redonda.

Todo parecía ir de acuerdo a la emboscada preparada por Conejo Sentado cuando, otra vez tras moverse cuatro figuras, el viajero resultaba vencedor.

  • Eres el mejor jugador – el tono de Conejo Sentado era de admiración – y soy feliz de darte mi sombrero.
  • Tú también eres un gran jugador, permíteme regalarte mis botas.

El extranjero estuvo varios días con los nuestros, jugó contra todo el que quiso y contó grandes maravillas de las tierras de más allá del gran mar. Cuando llegó el día de marcharse, Visión Lejana lo despidió diciéndole:

  • Eres un nuevo Cara de Caballo, ¿cómo te recordaremos en nuestras historias?
  • En mi mundo me llaman Giovanni “Il Calabresse”, pero recordadme por mi verdadero nombre, Greco.

Nota de los editores: Todavía se conservan las partidas jugadas entre Greco y Conejo Sentado. Las reproducimos para quien tenga curiosidad por ellas.

Conejo Sentado – Greco

(Pulsando sobre las jugadas se reproduce la partida en un visor)

Greco – Conejo Sentado

(Pulsando sobre las jugadas se reproduce la partida en un visor)

P.D. Giovanni Greco fue el mejor jugador del mundo en el siglo XVII. Marchó, como tantos otros, a la inexplorada América en busca de aventuras y volvió con una pequeña fortuna que le fue robada al desembarcar en Europa, terminando sus días en la miseria.

Relato publicado originalmente, con leves retoques, en la revista Papers d´Escacs correspondiente al mes de marzo de 1997.

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